Nuestra historia
Como padres de dos hijas, tenemos un ritual nocturno especial: cantamos canciones juntos antes de que se vayan a dormir. Cuando uno de nosotros no puede estar en casa por trabajo, nuestras hijas echan mucho de menos ese momento. Por eso empezamos a grabar nuestras voces, para que pudieran seguir escuchando sus canciones favoritas.
La alegría y la seguridad que esto les aporta nos inspiró a hacer posible que otras familias disfrutaran de lo mismo. Con nuestros peluches, los niños siempre pueden escuchar la voz de sus padres, incluso cuando estos no están presentes. Una forma cariñosa de mantenerse conectados, estés donde estés.